Mar 30 Oct 2007
MIGUEL HERNÁNDEZ
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MIGUEL HERNÁNDEZ

miguelhernandez_21.jpgEn Orihuela, un pequeño pueblo de Alicante, nació Miguel Hernández Gilabert, el 30 de octubre de 1910. Hijo de un contratante de ganado, su niñez y adolescencia acontecen por la luminosa Sierra Oriolana, tras un pequeño hato de cabras. Por las tardes ordeña las cabras y se dedica a repartir la leche por el vecindario. Sólo el corto paréntesis de unos años, detiene esta vida para acudir a la Escuela del Ave María, donde estudia gramática, aritmética, geografía y religión, destacando por su asombroso talento. En 1925 a los quince años de edad, tiene que abandonar el colegio para volver a cuidar de las cabras cerca de Orihuela. Pero, mientras las cuidaba, leía libros de Gabriel y Galán, Miró, Zorrilla. A veces se ponía a escribir versos a la sombra de un árbol.

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Así empezaron sus primeros ensayos poéticos. Al atardecer pasea por el vecindario y conoce a Ramón y Gabriel Sijé y a los hermanos Fenoll, cuya panadería se convierte en tertulia del pequeño grupo de aficionados a las letras. Ramón Sijé, joven estudiante de Derecho, le orienta en sus lectura, le guía hacia los clásicos y la poesía religiosa, le perfecciona y le anima a seguir su actividad creadora. El joven pastor va llevando su autoeducación con los libros que consigue en la biblioteca del Círculo de Bellas Artes. Poco a poco irá leyendo a los grandes autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón, Góngora y Garcilaso, junto con algunos autores modernos como Juan Ramón y Antonio Machado. Desde 1930 Miguel Hernández comienza a publicar poemas en el semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El Día de Alicante. Su nombre comienza a sonar en revistas y diarios levantinos.

(Primer escrito publicado en el diario El Día)

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Al estallar la Guerra Civil, en julio de 1936 le obligan a tomar una decisión. Miguel Hernández, sin dar lugar a dudas, la toma con entereza y entusiasmo por la República. No solamente entrega toda su persona, sino que también su creación. Como voluntario se incorpora al 5º Regimiento, después de un viaje a Orihuela para despedirse de los suyos. Va pasando por diversos frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá. En plena guerra escapa a Orihuela y se casa el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días tiene que marchar al frente. Es una vida de continuos viajes y actividad literaria. Todo esto y la tensión de la guerra le producen una anemia cerebral que le obliga, por recomendación médica, a alejarse a Cox para recuperarse. Varias obras de Teatro en la guerra y dos libros de poemas quedan como testimonio de este momento bélico: Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).

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En la primavera de 1939, ante la huida del frente republicano, Miguel Hernández trata de cruzar la frontera portuguesa pero es entregado de nuevo a las autoridades españolas. Así comienza su ir y venir por cárceles: Sevilla, Madrid. Repentinamente, a mediados de septiembre de 1939, es puesto en libertad.

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Arrastrado por el amor a los suyos, marcha a Orihuela, donde es encarcelado de nuevo en el seminario de San Miguel, convertido en prisión. Hasta que en su indefenso organismo se declara una “tuberculosis pulmonar aguda” que se extiende a ambos pulmones, alcanzando proporciones tan alarmantes que hasta el intento de trasladarlo al Sanatorio Penitenciario de Porta Coeli resulta imposible. Entre dolores, hemorragias, golpes de tos, Miguel Hernández se va consumiendo lentamente. El 28 de marzo de 1942 fallece a los treinta y un años de edad.

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Sus restos se encuentran en el Cementerio de Nuestra Sra de los Remedios, Alicante.

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ELEGÍA

(En Orihuela, su pueblo y el mío,

se me ha muerto como del rayo

Ramón Sijé, con quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.                                rayo-que-no-cesa.gif          

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte                       
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.                                      

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

viento-del-pueblo.gifEmpieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que es sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja y, mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente,
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambrientohernandez2_2_21.jpg
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

18 DE JULIO 1936 - 18 DE JULIO 1938

Es sangre, no granizo, lo que azota mis sienes.
Son dos años de sangre: son dos inundaciones.
Sangre de acción solar, devoradora vienes,
hasta dejar sin nadie y ahogados los balcones.

Sangre que es el mejor de los mejores bienes.
Sangre que atesoraba para el amor sus dones.
Vedla enturbiando mares, sobrecogiendo trenes,
desalentando toros donde alentó leones.

El tiempo es sangre. El tiempo circula por mis venas.
Y ante el reloj y el alba me siento más que herido,
y oigo un chocar de sangres de todos los tamaños.

Sangre donde se puede bañar la muerte apenas:
fulgor emocionante que no ha palidecido,
porque lo recogieron mis ojos de mil años.

A MI GRAN JOSEFINA ADORADA

Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento
para mi corazón.

Desde que estoy ausente                                                          esposa1.gif   
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escribeme, paloma,
que yo te escribiré.

Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.

NANAS DE LA CEBOLLA

(Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir

una carta de su mujer, en la que le

decía que no comía más que pan y cebolla.)

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tu días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

miguel-14-anos.gifEn la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,hernandez7.jpg
súbito el párpado
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.

¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
mhernan_2.jpgcuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.

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MIGUEL HERNÁNDEZ

 

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Sab 27 Oct 2007
LAS TRECE ROSAS
Archivado en: Políticos — admin @ 9:28

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Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Avelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez  

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Todo comenzó despues de la caída de Madrid en manos de las tropas de Franco y el final de la guerra, la JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) intentaron la reorganización bajo el mando de José Pena Brea. Tras el golpe de Estado del coronel Casado y el fin de la guerra, los dirigentes del PCE y las JSU, iban abandonando España. Cuando el 28 de marzo las tropas de Franco entraron en Madrid, la totalidad de los dirigentes comunistas se encontraban ya fuera del país y un grupo de jovenes, que habían luchado contra el enemigo en los frentes de Brunete y Guadalajara, se hizo cargo del PCE y de la JSU. Su único objetivo en aquellos momentos era ayudar a los camaradas presos y a sus familias, esconder a los perseguidos e intentar recomponer los restos de la derrota.

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José Pena, Secretario General del Comité Provincial de las JSU, fue detenido por una denuncia, y conducido a la comisaria de Vallecas, donde es torturado y obligado, a dar todos los nombres que sabía y a firmar una declaración preparada.

A la detención de los militantes ayudó que los ficheros del PCE y las JSU no se habían podido deshacer debido al Golpe de Estado del Coronel Casado, y fueron confiscados por los franquistas cuando invadieron Madrid. Entre los detenidos se encontraban las Trece Rosas, que fueron reducidas, encarceladas y torturardas en la carcel de mujeres de Ventas, una cárcel construida para 450 personas en la que se hacinaban mas de 4.000.

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Carmen Barrero Aguado: 20 años. Modista. Tras la muerte de su padre, a los 12 años empezó a trabajar para ayudar a su familia que quedó en una situación muy precaria al morir. Eran 8 hermanos, 4 menores que ella. Militante del PCE y se la conocia como Marina, utilizando una identidad falsa de Carmen Iglesias Diáz. Tras la guerra, en la clandestinidad, fue la responsable femenina del partido en Madrid elaborando para las mujeres un plan de trabajo. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Martina Barroso García: 24 años. Modista. Durante la guerra fué costurera en uno de los talleres de la Unión de Muchachas, produciendo ropa para los soldados. Al acabar la guerra empezó a colaborar en la organización de las JSU de Chamartín. Junto con otros militantes iban a la Ciudad Universitaria en busca de armas y municiones. Se conservan tanto unas zapatillas de esparto con una mariposa que cosió en la cárcel de Ventas para su sobrinita de dos años, como unas cartas originales escritas a su novio y a su familia desde el penal. Poco más queda de ella. Fué detenida el 6 de junio de 1939.

 Blanca Brisac Vázquez: 29 años. Pianista. Era la mayor de las 13 Rosas. Hija de un acaudalado empresario francés. Casada con Enrique García Mazas, un violinista que conoció en una banda de música donde ella tocaba el piano y con el cual tuvo un hijo. No pertenecía a ningun partido politico. Fue detenida por ayudar a un amigo de su marido comunista. Era católica y votante de derechas. Su encarcelamiento fue un cúmulo de azares. La madrugada del 5 de agosto de 1939, le escribió una carta a su hijo, que le fue entregada por su familia 16 años después. La carta aún se conserva. Detenida el 24 de mayo de 1939.

Pilar Bueno Ibáñez: 27 años. Modista. Al poco de iniciarse la guerra se afilió al PCE donde trabajó como voluntaria en una de las casas-cuna (donde recogían a huerfanos y a hijos de milicianos que iban a la guerrilla). Fué nombrada Secretaria de Organización de Radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de reorganizar el PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Julia Conesa Conesa: 19 años. Modista. Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Una de ellas murió de pena (por la muerte de su novio) estando ella encarcelada. Se afilió a las JSU en noviembre de 1937. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó a un lado la JSU. Julia era la más pequeña. Contaba tan sólo 19 años cuando fue detenida el 5 de mayo de 1939. Los policías que fueron a su casa dijeron que solo se trataba de un tramite rutinario y que quedaria libre en unas horas. Sin embargo, nunca volvería. Fue detenida en mayo de 1939 siendo delatada por un compañero de su “novio”. La detuvieron cuando estaba bordando en su casa.

Adelina García Casillas: 19 años. Era militante de las JSU. Era conocida como la mulata por su piel morena y sus labios gruesos. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa diciéndole que sólo querían hacerle un interrogatorio sin importancia. Ella se presenta de manera voluntaria, pero no volvió jamás. Una vez en el penal, trabajó como cartera. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.

Elena Gil Olalla: 20 años. Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra empezó a trabajar en la agrupación de Chamartín. Finalizando la guerra ella se encontraba en Murcia y se trasladó a Madrid en el año 1939. Siendo detenida el 3 de Junio del 1939,

 Virtudes González García: 18 años. Modista. Se afilió a la JSU nada mas estallar la guerra, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 delatada por un compañero durante una sesión de tortura.

 

Ana López Gallego: 21 años. Modista. Militante de las JSU. Fue Secretaria Femenina de Radio Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era militante de la JSU, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse y cuidar de sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue trasladada a Las Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó “¿Es que a mi no me matan?”.

Joaquina López Laffite: 23 años. Joaquina era hija de un comandante del Ejército al que sucesivos destinos habían llevado por todo el país. Por una de esos destinos nació en Trubia. Era la más pequeña de cinco hermanos huérfanos de padre y madre desde 1931. En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. siendo responsable de la Secretaría Femenina del Comité Provincial clandestino. Severino Rodríguez (número dos en las Juventudes Socialistas) la denunció. La detuvieron estando en su casa el 18 de abril de 1939, junto a sus hermanos. La acusaron de ser comunista. No fué llevada a Las Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de haber sido de las primeras detenidas.

Dionisia Manzanero Salas: 20 años. Modista. Era la tercera de 6 hermanos. Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 despues de que matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado un obús. Trabajó como mecanógrafa en la Comisión de Organización del partido del Sector de Chamartin de la Rosa.
Su padre militaba en la U.G.T. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Victoria Muñoz García: 18 años. Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del Sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Las Ventas el 6 de junio de 1939. La noche antes de su fusilamiento tuvieron que despertarla y comenzó a llorar por su madre, ya que había perdido a un hijo en comisaría y a ella y a Gregorio los iban a fusilar.

Luisa Rodriguez de la Fuente: 18 años. Sastre. Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero todavia no había convencido aún a nadie, nada más que a su primo, cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Las Ventas, fué la primera de las 13 Rosas en ingresar en prisión. Ingresó en prisión el 1 de mayo de 1939.

 

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La represión franquista dejó sucesos tan dramáticos que, lejos de perderse en el olvido, se han convertido en mito. Es el caso de trece chicas, fusiladas en 1939, contra la tapia de un cementerio de Madrid ,simplemente por ser “rojas”, siete de ellas, menores de edad. Sus nombres quedan hoy tatuados, definitivamente, en la historia. Desde entonces, el pueblo las conoce por las “TRECE ROSAS” .

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“Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.426 que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra los procesados (…) responsables de un delito de adhesión a la rebelión (…) Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada uno de los acusados (…) a la pena de muerte”, dice la sentencia.” A Julia Conesa la acusaban hasta de haber sido”Cobradora de tranvias durante la dominacion marxista “.

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Juzgadas el 3 de agosto, condenadas a morir en el plazo de 72 horas, sin esperar sentencia alguna, y apenas 24 horas mas tarde, 13 de aquellas mujeres y 43 hombres fueron ejecutados ante las tapias del cementerio del Este, tapia que podéis observar más abajo. Quince de los fusilados ese 5 de agosto de 1939 eran menores de edad, por entonces establecida en los 21 años. La más joven aún no había cumplido los 16 años.

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Las jóvenes, serenas, repartieron sus pertenencias entre las reclusas, se lavaron y peinaron, se pusieron sus más bonitos vestidos y esperaron con serenidad y sangre fría que vinieran a llevarlas a la capilla. Ya allí, , les permitieron escribir una carta a sus familiares, y cada cual empezó a redactar aquel recuerdo que hablaría de aquella aberrante injusticia cometida.

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Consolaron a las otras reclusas que lloraban, asegurando que se sentían felices de dar su vida por una causa justa. Cuando vinieron sus verdugos, las trece menores salieron gritando “VIVA LA REPUBLICA”.

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Julia Conesa Conesa escribía su última carta:

Madre, hermanos con todo el cariño y entusiasmo, os pido que no lloreis nadie. Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente.Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia”. Fueron éstas las últimas palabras que dirigiría a su familia con 19 años.

Fué Blanca Brisac, quien mejor lo manifestó, mientras se despedia de su hijo esa noche, ya en capilla:

“Querido, muy querido hijo de mi alma. En estos últimos momentos, tu madre piensa en ti. Sólo pienso en mi niñito de mi corazón, que ya es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres. Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo. Olvídalo, hijo, no me recuerdes así, y ya sabes que bien pesarosa estoy. Voy a morir con la cabeza alta sólo por ser buena; tú, mejor que nadie, lo sabes, Quique mío.
Sólo te pido que seas muy bueno, muy bueno siempre. Que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas muy buenas no guardan rencor, y tú tienes que ser un hombre bueno, trabajador. Sigue el ejemplo de tu papachín. ¿Verdad, hijo, que en mi última hora me lo prometes? Quédate con mi adorada Cuca, y sé siempre para ella y mis hermanas un hijo. El día de mañana vela por ellas cuando sean viejitas. Hazte el deber de velar por ellas cuando seas un hombre. No digo más.

Tú padre y yo vamos a la muerte orgullosos. No sé si tu padre habrá confesado y comulgado, pues no le veré antes de mi presencia ante el piquete. Yo sí lo he hecho. Enrique, que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me enseñaron a mí. Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad. Recibe, después de una infinidad de besos, el beso eterno de tu madre, Blanca.

Pd: “Te envío, hijo, una de mis trenzas. Guarda mi libro de misa, una pajarita que te envío y mis medallas”.

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Asi escribía y se despedía Dionisia Manzanero de sus padres y familia.

Queridísimos padres y hermanos:

“Quiero en estos momentos tan angustiosos para mí poder mandaros las últimas letras para que durante toda la vida os acordéis de vuestra hija y hermana, a pesar de que pienso que no debiera hacerlo, pero las circunstancias de la vida lo exigen. Como habéis visto a través de mi juicio, el señor fiscal me conceptúa como un ser indigno de estar en la sociedad de la Revolución Nacional Sindicalista. Pero no os apuréis, conservar la serenidad y la firmeza hasta el último momento, que no os ahoguen las lágrimas, a mí no me tiembla la mano al escribir. Estoy serena y firme hasta el último momento. Pero tened en cuenta que no muero por criminal ni ladrona, sino por una idea.

A Bautista le he escrito, si le veis algún día darle ánimos y decirle que puede estar orgulloso de mí, como anteriormente me dijo. A toda la familia igual, como no puedo despedirme de todos en varias cartas, lo hago a través de ésta. Que no se preocupen, que el apellido Manzanero brillará en la historia, pero no por crimen. Nada más, no tener remordimiento y no perder la serenidad, que la vida es muy bonita y por todos los medios hay que conservarla. Madre, ánimo y no decaiga. Vosotros ayudar a que viva madre, padre y los hermanos. Padre, firmeza y tranquilidad.

Dar un apretón de manos a toda la familia, fuertes abrazos, como también a mis amigas, vecinos y conocidos. Mis cosas ya os las entregarán, conservar algunas de las que os dejo. Muchos besos y abrazos de vuestra hija y hermana, que muere inocente.”

Dioni

Eran modistas, pianistas, sastras, amas de casa…

Tras su muerte, se convirtieron en una leyenda, la de trece mujeres, Trece Rosas, fusiladas contra una tapia como castigo por defender la libertad.

Hoy su recuerdo vive en el cementerio de la Almudena, en este monumento levantado en su memoria.Las rosas rojasLas rosas rojas

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