ANA FRANK
Nació en Fráncfort del Meno (Hesse), siendo la segunda hija de Otto Heinrich Frank. y su mujer Edith Hollander,una familia de patriotas alemanes que habían participado en la Primera Guerra Mundial. Tenía una hermana mayor, Margot Frank. Junto con su familia, tuvo que mudarse a Ámsterdam, huyendo de los nazis. Allí le regalaron un diario al cumplir los trece años. Muy poco después, su familia tuvo que ocultarse en un escondrijo, el Achterhuis, situado en un viejo edificio en el Prinsengracht, un canal en el lado occidental de Ámsterdam, y cuya puerta estaba escondida tras una estantería. Allí vivieron durante la ocupación alemana, desde el 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944.
Ellos se esconden allí para evitar que los nazis los encuentren, capturen y les metan en campos de concentración. La buhardilla se encuentra en las oficinas donde trabajaba el padre de Ana, antes de irse a vivir allí, y a pesar de saber que, si refugiabas a un judio te metían en la cárcel, los antiguos compañeros de trabajo, del padre de Ana, les proporcionaban la comida y la ropa. Allí estarían seguros si nadie decía nada y si nadie se hubiese enterado. Sólo lo sabían cuatro antiguos compañeros de su padre. Al principio les intentaron tapar diciendo a los otros trabajadores que alli no había nada, solo trastos viejos e inutilizables, pero después taparon la puerta con un armario.
Victor Kugler, Johannes Kleiman, Miep Gies y Elisabeth “Bep” Voskuijl eran los únicos empleados que sabían del escondite y junto con Jan, el esposo de Gies y Johannes Hendrik Voskuijl, el padre de Voskuijl, eran quienes ayudaban a los Frank a sobrevivir durante la duración de su confinamiento. Ellos eran el único contacto entre el exterior y los ocupantes de la casa y los mantenían informados de las noticias de guerra y de los eventos políticos. Eran también los proveedores de todo lo necesario para la seguridad y supervivencia de la familia; el abastecimiento de comida resultaba cada vez más difícil a medida que el tiempo transcurría. Anne escribió sobre la dedicación y sobre los esfuerzos para levantarles el ánimo durante los momentos más peligrosos. Ellos eran conscientes de que la pena por dar refugio a un judío en aquel momento era la capital.
A finales de julio, se les unió la familia van Pels: Hermann, Auguste, y Peter de 16 años, y más tarde en noviembre llegó Fritz Pfeffer, dentista y amigo de la familia. Anne escribió sobre lo bueno que era tener otras personas con quién hablar, pero las tensiones rápidamente se presentaron en este grupo de personas que debían compartir confinados este escondite. Luego de compartir su habitación con Pfeffer, Anne terminó por considerarlo insoportable, y se peleó con Auguste van Pels, a quién consideraba fuera de sus cabales. Su relación con su madre se hizo difícil también y Anne escribió que sentía tener poco en común con ella, por ser su madre demasiado abstraída. Aunque algunas veces discutió con Margot, escribió sobre un lazo inesperado que se había desarrollado entre ellas, aunque con quién se sentía más cercana era con su padre. Tiempo más tarde, también comenzó a apreciar la gentileza de Peter van Pels y hasta llegaron a tener sentimientos románticos. Ya eran 8 personas escondidas en el refugio.
La familia Van Pels
En el transcurso de los dos años, los vecinos de los alrededores, sospechan que algo raro pasa en la fábrica, debido a la cantidad de comida que llevan diariamente y el 4 de agosto de 1944, un grupo de la policía alemana al mando del oficial-SS, Karl Joseph Silberbauer, con cuatro hombres de civil, ingresan a la fábrica, dirigiéndose directamente a “la casa de atrás.” No se supo quien o quienes fueron los informantes, porque de 10 mil familias judías que vivían escondidas en Ámsterdam, 5 mil fueron delatadas a la Gestapo. La familia Frank fue enviada a un campo de detenidos en tránsito situado en Westerbork y en setiembre fueron trasladados a Auschwitz-Birkenau, donde Edith Frank murió el 6 de Enero de 1945.
Estrella de David que todo judío debía llevar durante la ocupación nazi
Junto con las otras mujeres no seleccionadas para la muerte inmediata, Anne fue obligada a permanecer desnuda para ser desinfectada, le raparon la cabeza y le tatuaron un número de identificación en el brazo. Durante el día las mujeres eran usadas para realizar trabajos forzados y por la noche eran hacinadas en barracones frigoríficos. Las enfermedades se propagaban velozmente y en poco tiempo Anne terminó con la piel cubierta de costras.
Las hermanas Frank fueron transferidas a Bergen-Belsen, donde en febrero de 1945, muere Margot. Anne en marzo de ese mismo año a causa del Tifus. Otto Frank fue enviado a Auschwitz de donde fue liberado por los rusos en enero de 1945.
De los ocho inquilinos del achterhuis, sólo el padre de Anne sobrevivió. Herman Van Pels, fue gaseado justo tras la llegada del grupo a Auschwitz-Birkenau, el 6 de septiembre de 1944. Su esposa Auguste murió entre el 9 de abril y el 8 de mayo de 1945, en Alemania o en Checoslovaquia. Su hijo Peter murió el 5 de mayo de 1945 en el campo de concentración de Mauthausen, en Austria, después de ser trasladado andando desde Auschwitz.
El Dr. Friedrich Pfeffer, murió el 20 de diciembre de 1944 en el campo de concentración de Neuengamme. Johannes Kleiman y Victor Gustav Kugler, socios comerciales de Otto Frank que ayudaron a los anteriores mientras permanecieron escondidos, fueron arrestados por ayudar a la familia Frank. Ambos fueron sentenciados a realizar un Arbeitseinsatz (servicio de trabajo) en Alemania, y ambos sobrevivieron a la guerra.
Después de la guerra, Otto Frank, que es el único superviviente de la familia, junto con amigos arrestados como él, volvió a Ámsterdam, donde un conocido le entregó el diario de Ana “que habían encontrado en la casa de atrás” de la fábrica. Contó la vida de Anne y dió a conocer al mundo el diario de su hija, que llegaría a ser uno de los mejores betsellers del mundo actual. Otto murió en 1980.
La Casa de Anne Frank abrió sus puertas el 3 de mayo de 1960. Consiste en el almacén Opekta, las oficinas y el achterhuis, sin amueblar, para que los visitantes pudiesen caminar libremente por todas las habitaciones. Se conservan algunas reliquias personales de sus antiguos inquilinos, por ejemplo las fotografías de estrellas de cine pegadas en la pared por Anne, una porción del papel pintado sobre el que Otto Frank marcaba la altura de sus hijas mientras crecían y un mapa en la pared sobre el que registró el avance de las aliados.

ANA FRANK
EL DIARIO
20 de Junio de 1942
Mi padre tenía ya treinta y seis años cuando se casó con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926, en Frankfort del Meno. Y yo el 12 de junio de 1929. Siendo judíos cien por ciento, emigramos a Holanda en 1933, donde mi padre fue nombrado director de la Travis N.V., firma asociada con Kolen & Cía., de Amsterdam. El mismo edificio albergaba a las sociedades, de las que mi padre era accionista. Desde luego, la vida no estaba exenta de emociones para nosotros, pues el resto de nuestra familia se hallaba todavía defendiéndose de las medidas hitleristas contra los judíos. A raíz de las persecuciones de 1938, mis dos tíos maternos huyeron y llegaron sanos y salvos a los Estados Unidos. Mi abuela, entonces de setenta y tres años se reunió con nosotros. Después de 1940 nuestra buena época iba a terminar rápidamente: ante todo la guerra, la capitulación, y la invasión de los alemanes llevándonos a la miseria. Disposición tras disposición contra los judíos. Los judíos eran obligados a llevar la estrella, a ceder sus bicicletas. Prohibición de los judíos de subir a un tranvía, de conducir un coche. Obligación para los judíos de hacer sus compras exclusivamente en los establecimientos marcados con el letrero de “negocio judío”, y de quince a diecisiete horas solamente. Prohibición para los judíos de salir después de las ocho de la noche, ni siquiera a sus jardines, o aún de permanecer en casa de sus amigos. Prohibición para los judíos de ejercitarse en todo deporte público: prohibido el acceso a la piscina, a la cancha de tenis y de hockey o a otros lugares de entrenamiento. Prohibición para los judíos de frecuentar a los cristianos. Obligación para los judíos de ir a escuelas judías, y muchas otras restricciones semejantes.
8 de Julio de 1942
A las tres de la tarde llamaron a nuestra puerta. Yo no lo oí, porque estaba leyendo en la terraza, perezosamente reclinada al sol en una mecedora. De pronto, Margot apareció por la puerta de la cocina, visiblemente turbada.
- Papá ha recibido una citación de la SS -cuchicheó-. Mamá acaba de salir a buscar al señor Van Daan. (Van Daan es un colega de papá y amigo nuestro).
Yo estaba aterrada: todo el mundo sabe qué significa una citación; vi surgir en mi imaginación los campos de concentración y las celdas solitarias. ¿Íbamos a dejar a papá partir hacia allí?
- Naturalmente no se presentará - dijo Margot, mientras que ambas esperábamos en la alcoba el regreso de mamá.
- Mamá ha ido a casa de los Van Daan para ver si podemos habitar desde mañana, nuestro escondite. Los Van Daan se ocultarán allí con nosotros. Seremos siete.
En nuestro dormitorio, Margot me confesó que la citación no era para papá, sino para ella misma. Asustada de nuevo empecé a llorar. Margot tiene dieciséis años. ¡Quieren pues dejar ir solas a las muchachas de su edad! Afortunadamente, como mamá ha dicho, no irá.
9 de Octubre de 1942
Hoy no tengo que anunciarte más que noticias deprimentes. Muchos de nuestros amigos judíos son poco a poco embarcados por la Gestapo, que no anda con contemplaciones; son transportados en furgones de ganado a Westerbork, al gran campo para judíos, en Dentre. Westerbork debe ser una pesadilla; cientos y cientos están obligados a lavarse en un solo cuarto, y faltan los W.C. Duermen los unos encima de los otros, amontonados en cualquier rincón. Hombres, mujeres y niños duermen juntos. De las costumbres no hablemos: muchas de las mujeres y muchachas están encinta.
Imposible huir. La mayoría está marcada por el cráneo afeitado, y otros, además, por su tipo judío.
Si esto sucede en Holanda, ¿qué será en las regiones lejanas y bárbaras de las que Westerbork no es más que el vestíbulo? Nosotros no ignoramos que esa pobre gente será masacrada. La radio inglesa habla de cámaras de gases. Después de todo, quizá sea mejor morir
19 de Noviembre de 1942
Podríamos cerrar los ojos ante toda esta miseria, pero pensamos en los que nos eran queridos, y para los cuales tememos lo peor, sin poder socorrerlos.
En mi cama bien abrigada, me siento menos que nada cuando pienso en las amigas que más quería, arrancadas de sus hogares y caídas a este infierno. Me da miedo el cavilar que aquellos que estaban tan próximos a mí se hallen ahora en manos de los verdugos más crueles del mundo. Por la única razón de que son judíos.
13 de Enero de 1943
El terror reina en la ciudad. Noche y día, transportes incesantes de esa pobre gente, provista tan sólo de una bolsa al hombro y de un poco de dinero. Estos últimos bienes les son quitados en el trayecto, según dicen. Se separa a las familias, agrupando a hombres, mujeres y niños.
Los niños al volver de la escuela, ya no encuentran a sus padres. Las mujeres, al volver del mercado, hallan sus puertas selladas y notan que sus familias han desaparecido.
También les toca a los cristianos holandeses: sus hijos son enviados obligatoriamente a Alemania. Todo el mundo tiene miedo.
Centenares de aviones vuelan sobre Holanda para bombardear y dejan en ruinas las ciudades alemanas; y a cada hora, centenares de hombres caen en Rusia y en África del Norte. Nadie está al abrigo, el globo entero se halla en guerra, y aunque los aliados ganen la guerra, todavía no se ve el final.
Podría seguir durante horas hablando de la miseria acarreada por la guerra, pero eso me desalienta de más en más. No nos queda más que aguantar y esperar el término de estas desgracias. Judíos y cristianos esperan, el mundo entero espera, y muchos esperan la muerte.
10 del Mayo de1943
Querida Kitty:
Si me pongo a pensar en la forma en que vivimos aquí, llego casi siempre a la misma conclusión: comparados con los judíos que no están escondidos, nosotros debemos considerarnos en el paraíso. Sin embargo, más tarde, cuando todo retorne a la normalidad y habitemos, como antes, nuestra casa decente mente arreglada, no podré dejar de asombrarme al recordar hasta qué punto hemos descendido. Esto en lo que concierne a nuestra manera de vivir. Por ejemplo, desde que estamos aquí utilizamos el mismo hule, que ya no puede llamarse limpio después de un uso tan prolongado.Trato a menudo de frotarlo con un estropajo, pero éste tiene más agujeros que tela. Por mucho que se lave y jabone la mesa nunca se logra nada satisfactorio. Durante todo el invierno los Van Daan han dormido sobre un retazo de franela que no se puede lavar aquí, porque el detergente es malo y escaso. Papá lleva un pantalón raído y una corbata deshilachada. El corsé de mamá ha exhalado hoy su último suspiro, en tanto que Margot se pasea con un corpiño dos medidas más chico. Mamá y Margot se las arreglaron para pasar el invierno con sólo tres camisones para las dos; los míos se han vuelto tan cortos, que ni siquiera me llegan hasta las rodillas. Desde luego estas cosas son pasajeras, y por tanto intrascendentes, pero a veces tengo mis aprensiones: «Nosotros, que nos adaptamos actualmente a nuestras cosas requeteusadas, desde mis calzones hasta la brocha de afeitar de papá, ¿volveremos a llevar un día el tren de vida de antes de la guerra? Esta noche, los aviones han bombardeado en tal forma, que cuatro veces empaqueté todas mis cosas. Hoy, hasta he preparado una maletita con lo estrictamente necesario en caso de huida. Mamá me ha preguntado, y con razón:
-¿A dónde quieres huir?
Toda Holanda es castigada por las huelgas que paralizaron diversos puntos del país. Ha sido declarada en estado de sitio, y a todo el mundo se le ha suprimido un cupón de mantequilla. ¡Así se castiga a los niños malos! Por la tarde lavé el pelo a mamá. No es nada de fácil con el pegajoso jabón que ahora se consigue. Mamá tampoco puede ya peinar su gruesa cabellera con el único peine gastado, al que sólo le quedan diez dientes.
Tuya,
ANA
29 de Julio de1943
Querida Kitty:
La señora Van Daan, Dussel y yo estábamos fregando los platos. Y lo que casi nunca ocurre e iba seguramente a llamar la atención de mis compañeros de tarea: yo había guardado un silencio absoluto. Con el fin de evitar cuestiones busqué un tema que creía neutro: el libro Henri van den Overkant. ¡Ay, cómo me engañé! Si la señora Van Daan no me hiere, es Dussel quien lo hace; debí haber pensado en eso. Fue él quien nos recomendó la obra como extraordinaria y excelente. Lo mismo que yo, Margot no la encontró ni lo uno ni lo otro. Sin dejar de secar los platos, admití que el autor estaba acertado en el retrato del chico, pero que, en cuanto a lo demás… era preferible no hablar, y me atraje la indignación del señor Dussel.
-¿Cómo puedes comprender la psicología de un hombre?
Pase si se tratara de un niño. Tú eres demasiado joven para un libro así; ni siquiera estaría al alcance de una persona de veinteaños. (Entonces, ¿por qué nos lo recomendó tan calurosamente a las dos?). Dussel y la señora Van Daan prosiguieron sus observaciones por turno:
-Sabes demasiado para tu edad. Tu educación deja mucho que desear. Más tarde, cuando seas mayor, no encontrarás ya atractivo en nada y dirás: «Todo eso ya lo leí en los libros, hace veinte años». Apresúrate, pues, a enamorarte y a encontrar un marido si deseas enamorarte de verdad. ¡Has aprendido todas las teorías, pero te falta la práctica!
¡Qué concepto tan curioso tienen ellos de la educación al azuzarme siempre contra mis padres, que es lo que hacen en realidad! ¡Y callar delante de una muchacha de mi edad cuando les sorprendo hablando de «cosas para mayores»! Sin embargo, en su opinión, es un método también excelente. ¡Veo a menudo los resultados de ese tipo de crianza! En ese momento los hubiera abofeteado a ambos, por la forma en que me estaban poniendo en ridículo. Me sentía fuera de mí. ¡Ah, si pudiera saber cuando me veré libre de esta gente!
La señora Van Daan, esa gran persona, es quien debería servirme de ejemplo…, de ejemplo para como no se debe ser. Todos están de acuerdo en que es muy indiscreta, egoísta, hipócrita, calculadora, y que está siempre en desacuerdo sobre cualquier cosa. A eso puede añadirse la vanidad y la coquetería.
En fin, indudablemente, ¡es insoportable! Podría escribir sobre ella volúmenes enteros, y, ¿quién sabe?, acaso un día me ponga a hacerlo. Todo el mundo es capaz de crearse una aureola. Con los desconocidos, sobre todo con los hombres, la señora es amable,y así engaña de buenas a primeras. Según mamá, es demasiado tonta y no vale la pena atormentarse por ella. Margot la considera insignificante. Pim la encuentra demasiado fea, física y moralmente. Y yo, que al principio no tenía ningún prejuicio, debo admitir, tras muchas vueltas, que tienen razón los tres y estoy lejos de ser demasiado severa. Tiene tantos defectos, que no hay por dónde tomarla.
Tuya,
ANA
10 de Agosto de 1943
Querida Kitty:
«Un amasijo de contradicciones» son las últimas palabras de mi carta precedente y las primeras de ésta. «Amasijo de contradicciones». ¿Puedes explicarme lo que es exactamente? ¿Qué significa contradicción? Como tantas otras palabras tiene dos sentidos: contradicción exterior y contradicción interior.
El primero es fácil de explicar: no plegarse a las opiniones ajenas, saber, mejor que el otro, decir la última palabra, en fin,todas las características desagradables por las cuales se me conoce muy bien. Pero en lo que concierne al segundo, casi nadie me conoce, y ése es mi secreto.Ya te he dicho que mi alma está, por así decir, dividida en dos. La primera parte alberga mi hilaridad, mis burlas, con cualquier motivo, mi alegría de vivir y, sobre todo, mi tendencia a tomarlo todo a la ligera. Por eso no me fastidian los flirteos, un beso, un abrazo o un chiste inconveniente. Esta primera parte está siempre en acecho, rechazando a la otra, que es más hermosa, más pura ymás profunda. La parte hermosa de la pequeña Ana nadie la conoce, ¿verdad? Por eso son tan pocos los que me quieren de veras.
Desde luego, puedo ser un payaso divertido durante una tarde, tras lo cual todo el mundo me ha visto lo suficiente para un mes por lo menos. Por ejemplo, una película de amor representa exactamente lo mismo para las personas profundas, una simple distracción de una velada, que se olvida bien pronto. No está mal cuando se trata de mí, sobre el «no está mal». Es aún algo peor.
Me fastidia decírtelo. Pero ¿por qué no he de hacerlo, si sé que es la verdad? Esta parte que toma la vida a la ligera, la parte superficial, sobrepasará siempre a la parte profunda y, por consiguiente, será siempre vencedora. Puedes imaginar cuántas veces he tratado de rechazarla, de asestarle golpes, de ocultarla. Y eso que, en realidad, no es más que la mitad de todo lo que se llama Ana. Pero no ha servido de nada, y yo sé por qué.
Tiemblo de miedo de que todos cuantos me conocen tal como me muestro siempre descubran que tengo otra parte, la más bella y la mejor. Temo que se burlen de mí, que me encuentren ridícula y sentimental, que no me tomen en serio. Estoy habituada a que no me tomen en serio, pero es «Ana la superficial» la que se ha habituado y quien puede soportarlo; la otra, la que es «grave y tierna», no lo resistiría. Cuando, de veras, he llegado a mantener a la fuerza en el proscenio a «Ana la buena» durante un cuarto de hora, ella se achica en cuanto hay que elevar la voz y, dejando la palabra a Ana número uno, desaparece antes de que yo me dé cuenta.
«Ana la tierna» nunca ha aparecido, pues, ante el público, ni una sola vez; pero, en la soledad, su voz domina casi siempre. Sé con exactitud cómo me gustaría ser, puesto que lo soy…interiormente; pero ¡ay!, soy la única que lo sabe. Y ésta es quizá,no, es, seguramente, la razón por la cual yo llamo dichosa a mi naturaleza interior, mientras que los demás juzgan precisamente dichosa mi naturaleza exterior. Dentro de mí, «Ana la pura» me señala el camino; exteriormente, sólo soy una cabrita desprendidade su cuerda, alocada y petulante.Como ya te he dicho, veo y siento las cosas de manera totalmente distinta a como las expreso ante los demás; por eso me denominan, alternativamente, volandera, coqueta, pedante y romántica. «Ana la alegre» se ríe de eso, responde con insolencia, se encoge indiferente de hombros, pretende que no le importa;
¡Pero ay!, «Ana la dulce» reacciona de la manera contraria. Para ser completamente franca, te confesaré que eso no me deja indiferente, que hago infinitos esfuerzos por cambiar, pero que me debato siempre contra fuerzas que me son superiores.
Una voz solloza dentro de mí: «Ya ves, ya ves adonde has llegado: malas opiniones, rostros burlones o consternados, antipatías, y todo eso porque no escuchas los buenos consejos de tu propia parte buena» ¡Ah, cuánto me gustaría escucharla! Pero eso no sirve de nada. Cuando me muestro grave y tranquila, doy la impresión a todo el mundo de que interpreto una comedia, y enseguida recurro a una pequeña broma con el fin de zafarme; para no hablar de mi propia familia, que, persuadida de que estoy enferma, me hace engullir tabletas contra las jaquecas y los nervios, me mira la garganta, me tantea la cabeza para ver si tengo fiebre, me pregunta si estoy constipada y termina por criticar mi mal humor. Ya no puedo soportarlo: cuando se ocupan demasiado de mí, primero me vuelvo áspera, luego triste, revertiendo mi corazón una vez más con el fin de mostrar la parte mala y ocultar la parte buena, y sigo buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser, lo que yo sería capaz de ser, si… no hubiera otras personas en el mundo.
Tuya,
ANA
Ana Frank todavía no había cumplído los dieciséis años, había nacido el 12 de junio de 1929…






























