Jue 10 Jul 2008
DOLORES IBARRURI “PASIONARIA”
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DOLORES IBARRURI

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“Se transformó en un símbolo histórico de la lucha popular antifascista y antiimperialista. Además de tener convicciones políticas fuertes en su mente, las llevó a cabo en una actividad donde con la oratoria y su impactante prosa trascendió una época”.

Dolores Ibarruri Gomez nació en Gallarta (Avanto y Ciervana. Vizcaya) el 9 de Diciembre del 1895, en el seno de una familia minera, conservadora. Se ha dicho que en su niñez pasó hambre, pero esto no es cierto; además su formación escolar hasta los 15 años fue buena para la época. Dolores Ibárruri se interesó por la lucha obrera bajo la influencia de su marido, Julian Ruiz, un minero socialista con el que adquirió ciertos rudimientos de marxismo casándose en 1916 a los 20 años y de quien se separó tras diez años de suplicio matrimonial.

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Su primera acción política fue cuando ayudó a éste en la Huelga Revolucionaria de 1917. De ahí en más fue adquiriendo prestigio como oradora y articulista política. El ambiente familiar, las lecturas piadosas y su fortísimo carácter favorecieron una devoción religiosa que la llevó a las puertas del convento.. Comenzó estudios de magisterio, pero abandonó la carrera para trabajar en un taller como costurera. Después, trabajó como sirvienta.

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Tras años de penalidades y aventuras tuvo cinco hijos: Ester, Rubén, Amagoya, Azucena y Amaya (estas últimas trillizas) muriendo Amagoya al poco tiempo de nacer y Azucena a los dos años. En estos tiempos afirmó su vocación política y la llevó a cabo a través del periodismo de partido, escribiendo en “El Minero Vizcaíno” y “La Lucha de Clases”. En su primer artículo firmó con el pseudónimo La Pasionaria, que eligió ella misma porque su primer artículo salió durante la Semana de Pasión de 1918.

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Militó primero en las Juventudes Socialistas, que posteriormente crearian el Partido Comunista Español (1920), el cual se integraría en el Partido Comunista de España (1921).

Fue encarcelada varias veces debido a sus fuertes y punzantes discursos y a su activa militancia en las manifestaciones comunistas. En un mitin en Valencia en 1938 pronunció la polémica frase «Más vale condenar a cien inocentes a que se absuelva a un solo culpable», en referencia al proceso del POUM Poco tiempo después se destacó en el Congreso de los Diputados de la II República como diputada del Partido Comunista por Asturias.

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Al final de la guerra, como Negrín, era partidaria de no rendirse alargando la guerra el máximo tiempo posile, pese a lo que abandonó

Al final de la guerra, como Negrín, era partidaria de no rendirse alargando la guerra el máximo tiempo posible, pese a lo que abandonó España un mes antes del fin de la guerra, rumbo a Orán, Marsella y París. Después marcho a vivir bajo el amparo de José Stalin a la URSS, sin acompañar a sus partidarios en los campos de refugiados. Allí vivió treinta años. Alabó el pacto de Stalin y Hitler para el reparto por la fuerza de Polonia antes de la guerra mundial. En 1942 fue elegida secretaria general del PCE hasta 1960 en el que fue sustituida por Santiago Carrillo, ocupando ella la presidencia.

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En Moscú dirigía Radio España Independiente- Radio Pirenáica (que pese a su nombre no estaba en los Pirineos, sino en la capital comunista). El presidium del Soviet Supremo de la Unión Soviética le concedió la ciudadanía soviética, la Orden de Lenin y el Premio Internacional de… ¡la Paz! Es doctora honoris causa por la Universidad de Moscú en la era soviética (1961).

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Figura relevante durante la Guerra Civil, fue elegida Vicepresidenta de la Cortes en 1937. Durante este período se convirtió en un mito para una parte de España. Suyo fue el lema «¡No pasarán!», acuñado durante la defensa de Madrid. Se opuso a la capitulación del coronel Casado. Tras finalizar la guerra civil española, se exilió en la URSS, donde perecería su único hijo varón Rubén Ruiz Ibárruri durante los combates por la estación central de Stalingrado.

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El apogeo de su vida política revolucionaria tiene lugar cuando se convierte en figura más popular del P.C.E. en 1935-39. Le granjearon enorme apoyo popular su oratoria pero, sobre todo, el involucrarse personalmente en las luchas obreras y populares. Ya diputado por Asturias (desde febrero de 1936) se encierra con los mineros en huelga, en el pozo; se planta en la calle de un suburbio madrileño junto a vecinos pobres desahuciados y cuyos modestos enseres habían sido malamente arrojados a la vía pública; y todo eso la hace inmensamente popular junto con sus discursos parlamentarios (en aquel parlamento –no como en el actual– los diputados tenían derecho de hablar, de pronunciar discursos). Y odiada por los reaccionarios, que -según costumbre hispana- le reprochan una supuesta promiscuidad sexual (al parecer puramente legendaria) como motivo de descrédito.

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En el famoso debate parlamentario de junio de 1936, La Pasionaria pronunció uno de los más sonados y percutantes discursos de su vida (16 de julio, se puede leer al final de la biografía), denunciando las maquinaciones fascistas y la preparación del golpe de estado con la complicidad de muchos militares, capitalistas y terratenientes y ante la pasividad y el dejar-hacer del gobierno. Los reaccionarios difundieron versiones fantásticas sobre ese discurso según las cuales habría amenazado a Calvo Sotelo con palabras como «¡Usted ha hablado por última vez!» y otros infundios de parecido tenor.

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Es célebre la anécdota de cómo salvó de tales desmanes a las monjas de un Convento, anécdota confirmada por testimonios de religiosas que fueron partícipes en los hechos. Una de ellas le escribió (tomo la cita del libro de Vázquez Montalbán, p. 159): “Me ha parecido que le agradaría a Ud saber, no sólo que su memoria perdura en el agradecido y amante recuerdo de las hermanas, sino en el cuadro de su patrona, la Virgen Dolorosa tiene aún una inscripción al dorso que justifica su procedencia y una tarjeta de campaña con la efigie de Ud., también allí bajo la protección de Nuestra Madre del Cielo”.

Es indudable que la Pasionaria no actuó en aquella ocasión sólo por motivos humanitarios y sentimentales, sino que su acción obedecía a la línea política del Partido Comunista y de su Secretario General, José Díaz Ramos, de favorecer la restauración del orden republicano y el imperio de la ley, de poner coto a los desmanes y de propiciar así una amplia alianza republicana y el aislamiento de los fascistas, atrayéndose o neutralizando también a los católicos respetuosos del orden constitucional. Pero eso no estaba reñido con obrar a tenor de sentimientos.

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Tras la muerte de José Díaz, (se suicida por los padecimientos de su enfermedad) fue escogida Secretaria General del PCE clandestino en 1942, aunque su relevancia fue decreciendo en los años siguientes. En 1960 presentó su dimisión, para pasar a ocupar el cargo de Presidenta del partido. La sustituyó en sus funciones Santiago.

Desde su exilio en 1939, La Pasionaria ya no volvió a ser la gran figura de la lucha popular y obrera. Se había formado autodidácticamente, pero era persona temperamental, espontánea, que necesitaba, como la savia, el contacto con el pueblo, con la masa. En el exilio ruso, su aportación fue disminuyendo y haciéndose menos valiosa.

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En 1962 había publicado sus memorias: El único camino.

Algunas citas de sus discursos, como “Más vale morir de pie que vivir de rodillas” o su “¡No pasarán!”, forman ya parte del imaginario colectivo de toda la Humanidad. Su papel de símbolo popular la convirtió en protagonista de poemas y canciones de Pablo Neruda, Rafael Alberti, Ana Belén y otros.

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Tras la muerte del General Franco y durante la transición democrática de 1977 fue elegida de nuevo diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas, aunque su papel como política fue ya más simbólico que real.

Volver a España con 81 años para recobrar protagonismo político fue todo un reto. Sabía que iba a encontrarse con un país totalmente cambiado. La fotos de la primera campaña electoral y el saludo a Suárez guardan la memoria de la transición. El sentido de la realidad la ayudó a afrontar durante los ochenta los momentos más críticos del partido al que había dedicado su vida. Su fidelidad a la causa por encima de las circunstancias e ilusiones personales son la tónica de sus últimos años. El álbum familiar se cierra con las fotos del entierro. Miles de personas despidiéndose de una mujer cuyo camino ha sido marcado por la historia de España.

Murió en Madrid el 12 de Noviembre de 1989 y fue enterrada en el Cementerio Civil de La Almudena de Madrid.

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LA SRA IBÁRRURI TIENE LA PALABRA.

Discurso de Pasionaria en las Cortes el 16 de Julio de 1936

¡Señores Diputados!

Por una vez, y aunque ello parezca extraño y paradójico, la minoría comunista está de acuerdo con la proposición no de ley presentada por el señor Gil Robles, proposición tendente a plantear la necesidad de que termine rápidamente la perturbación que existe en nuestro país; pero si en principio coincidimos en la existencia de esta necesidad, comenzamos a discrepar en seguida, porque para buscar la verdad, para hallar las conclusiones a que necesariamente tenemos que llegar, vamos por caminos distintos, contrarios y opuestos.

El Sr. Gil Robles ha hecho un bello discurso y yo me voy a referir concretamente a él, ya que al Sr. Calvo Sotelo le ha contestado cumplidamente el Sr. Casares, poniendo al descubierto los propósitos de perturbación que traía esta tarde al Parlamento con el deseo, naturalmente, de que sus palabras tuvieran repercusiones fuera de aquí, aunque por necesidad me referiré también en algunos casos concretos a las actividades del señor Calvo Sotelo.

Decía que el Sr. Gil Robles había pronunciado un bello discurso, tan bello y tan ampuloso como los que el Sr. Gil Robles acostumbraba a pronunciar cuando en plan de jefe indiscutible –esto no se lo reprocho– iba por aldeas y ciudades predicando la buena nueva del socialismo cristiano, la buena nueva de la justicia distributiva se tradujese en hechos de gobierno, cuando el Sr. Gil Robles participaba intensamente en él, tales como el establecimiento de los jornales católicos en el campo, de los jornales de 1,50 y de dos pesetas.

El Sr. Gil Robles, hábil parlamentario y no menos hábil esgrimidor de recursos oratorios, retóricos, de frases de efecto, apelaba a argumentos no muy convincentes, no muy firmes, tan escasos de solidez como la afirmación que hacía de la falta de apoyo por parte del Gobierno a los elementos patronales. Y al argüir con argumentos falsos, sacaba, naturalmente, falsas conclusiones; pero muy de acuerdo con la misión que quien puede le ha confiado en esta Cámara y que S.S., como los compañeros de minoría, sabe cumplir a la perfección, esgrimía una serie de hechos sucedidos en España, que todos lamentamos, para demostrar la ineficacia de las medidas del Gobierno, el fracaso del Frente Popular.

Su señoría comenzaba a hacer la relación de hechos solamente desde el 16 de Febrero y no obtenía una conclusión, como muy bien le han dicho los señores Diputados que han intervenido; no obtenía la conclusión de que es necesario averiguar quiénes son los que han realizado esos hechos, porque el Sr. Gil Robles no ignora, por ejemplo, que, después de la quema de algunas iglesias, en casa de determinados sacerdotes se han encontrado los objetos del culto que en ocasiones normales no suelen estar allí.

No quiero hacer simplemente un discurso; quiero exponer hechos, porque los hechos son más convincentes que todas las frases retóricas, que todas las bellas palabras, ya que a través de los hechos se pueden sacar consecuencias justas y a través de los hechos se escribe la Historia. Y como yo supongo que el Sr. Gil Robles, como cristiano que es, ha de amar intensamente la verdad y ha de tener interés en que la Historia de España se escriba de una manera verídica, voy a darle algunos argumentos, voy a refrescarle la memoria y a demostrarle, frente a sus sofismas, la justeza de las conclusiones adonde yo voy a llegar con mi intervención.

Pero antes permítame S.S. poner al descubierto la dualidad del juego, es decir, las maniobras de las derechas, que mientras en las calles realizan la provocación, envían aquí unos hombres que, con cara de niños ingenuos vienen a preguntarle al Gobierno qué pasa y a dónde vamos.

¡Señores de las derechas! Vosotros venís aquí a rasgar vuestras vestiduras escandalizados y a cubrir vuestras frentes de ceniza, mientras, como ha dicho el compañero De Francisco, alguien, que vosotros conocéis y que nosotros no desconocemos tampoco, manda elaborar uniformes de la Guardia Civil con intenciones que vosotros sabéis y que nosotros no ignoramos, y mientras, también, por la frontera de Navarra, ¡Sr. Calvo Sotelo!, envueltas en la bandera española, entran armas y municiones con menos ruido, con menos escándalo que la provocación de Vera del Bidasoa, organizada por el miserable asesino Martínez Anido, con el que colaboró S.S. y para vergüenza de la República española, no se ha hecho justicia ni con él ni con S.S., que con él colaboró. Como digo, los hechos son mucho más convincentes que las palabras. Yo he de referirme no solamente a los ocurridos desde el 16 de febrero, sino un poco tiempo más atrás, porque las tempestades de hoy son consecuencia de los vientos de ayer.

¿Qué ocurrió desde el momento en que abandonaron el Poder los elementos verdaderamente republicanos y los socialistas? ¿Qué ocurrió desde el momento en que hombres que, barnizados de un republicanismo embustero, pretextaban querer ampliar la base de la República, ligándoos a vosotros, que sois antirrepublicanos, al Gobierno de España? Pues ocurrió lo siguiente: Los desahucios en el campo se realizaban de manera colectiva; se perseguía a los Ayuntamientos vascos; se restringía el Estatuto de Cataluña; se machacaban y se aplastaban todas las libertades democráticas; no se cumplían las leyes de trabajo; se derogaba, como decía el compañero De Francisco, la ley de Términos municipales; se maltrataba a los trabajadores, y todo esto iba acumulando una cantidad enorme de odios, una cantidad enorme de odios, una cantidad enorme de descontento, que necesariamente tenía que culminar en algo, y ese algo fue el octubre glorioso, el octubre del cual nos enorgullecemos todos los ciudadanos españoles que tenemos sentido político, que tenemos dignidad, que tenemos noción de la responsabilidad de los destinos de España frente a los intentos del fascismo.

Y todos estos actos que en España se realizaban durante la etapa que certeramente se ha denominado del «bienio negro» se llevaban a cabo, ¡Sr. Gil Robles!, no sólo apoyándose en la fuerza pública, en el aparato coercitivo del Estado, sino buscando en los bajos estratos, en los bajos fondos que toda sociedad capitalista tiene en su seno, hombres desplazados, cruz del proletariado, a los que dándoles facilidades para la vida, entregándoles una pistola y la inmunidad para poder matar, asesinaban a los trabajadores que se distinguían en la lucha y también a hombres de izquierda: Canales, socialista; Joaquín de Grado, Juanita Rico, Manuel Andrés y tantos otros, cayeron víctimas de estas hordas de pistoleros, dirigidas, ¡Sr. Calvo Sotelo!, por una señorita, cuyo nombre, al pronunciarlo, causa odio a los trabajadores españoles por lo que ha significado de ruina y de vergüenza para España y por señoritos cretinos que añoran las victorias y las glorias sangrientas de Hitler o Musolini.

Se produce, como decía antes, el estallido de octubre; octubre glorioso, que significó la defensa instintiva del pueblo frente al peligro fascista; porque el pueblo, con certero instinto de conservación, sabía lo que el fascismo significaba: sabía que le iba en ello, no solamente la vida, sino la libertad y la dignidad que son siempre más preciadas que la misma vida.

Fueron, ¡señor Gil Robles!, tan miserables los hombres encargados de aplastar el movimiento, y llegaron a extremos de ferocidad tan terribles, que no son conocidos en la historia de la represión en ningún país. Millares de hombres encarcelados y torturados; hombres con los testículos extirpados; mujeres colgadas del trimotor por negarse a denunciar a sus deudos; niños fusilados; madres enloquecidas al ver torturar a sus hijos; Carbayín; San Esteban de las Cruces; Villafría; La Cabaña; San Pedro de los Arcos; Luis de Sirval. Centenares y millares de hombres torturados dan fe de la justicia que saben hacer los hombres de derechas, los hombres que se llaman católicos y cristianos.

Y todo ello, ¡señor Gil Robles!, cubriéndolo con una nube de infamias, con una nube de calumnias, porque los hombres que detentaban el Poder no ignoraban en aquellos momentos que la reacción del pueblo, si éste llegaba a saber lo que ocurría, especialmente en Asturias, sería tremenda.

Cultivasteis la mentira; pero la mentira horrenda, la mentira infame; cultivasteis la mentira de las violaciones de San Lázaro; cultivasteis la mentira de los niños con los ojos saltados; cultivasteis la mentira de la carne de cura vendida a peso; cultivasteis la mentira de los guardias de Asalto quemados vivos. Pero estas mentiras tan diferentes, tan horrendas todas, convergían a un mismo fin: el de hacer odiosa a todas las clases sociales de España la insurrección asturiana, aquella insurrección que, a pesar de algunos excesos lógicos, naturales en un movimiento revolucionario de tal envergadura, fue demasiado romántico, porque perdonó la vida a sus más acerbos enemigos, a aquellos que después no tuvieron la nobleza de recordar la grandeza de alma que con ellos se había demostrado.

Voy a separar los cuatro motivos fundamentales de estas mentiras que, como decía antes, convergían en el mismo fin. La mentira de las violaciones, a pesar de que vosotros sabíais que no eran ciertas, porque las muchachas que vosotros dábais como muertas, y violadas antes de ser muertas por los revolucionarios, ellas mismas os volcaban a la cara vuestra infamia diciendo: «Estamos vivas, y los revolucionarios no tuvieron para nosotras más que atenciones.» ¡Ah!, pero esta mentira tenía un fin; esta mentira de las violaciones, extendida por vuestra Prensa cuando a la Prensa de izquierdas se la hacía enmudecer, tendía a que el espíritu caballeroso de los hombres españoles se pronunciase en contra de la barbarie revolucionaria.

Pero necesitábais más; necesitábais que las mujeres mostrasen su odio a la revolución; necesitábais exaltar ese sentimiento maternal, ese sentimiento de afecto de las madres para los niños, y lanzásteis y explotásteis el bulo de los niños con los ojos saltados. Yo os he de decir que los revolucionarios hubieron, de la misma manera que los heroicos comunalistas de París, siguiendo su ejemplo, de proteger a los niños de la Guardia Civil, de esperar a que los niños y las mujeres saliesen de los cuarteles para luchar contra los hombres como luchan los bravos: con armas inferiores, pero guiados por un ideal, cosa que vosotros no habéis sabido hacer nunca.

La mentira de la carne de cura vendida al peso. Vosotros sabéis bien –nosotros tampoco lo desconocemos– el sentimiento religioso que vive en amplias capas del pueblo español, y vosotros queríais con vuestras mentira infame ahogar todo lo que de misericordioso, todo lo que de conmiseración pudiera haber en el sentimiento de estos hombres y de estas mujeres que tienen ideas religiosas hacia los revolucionarios.

Y viene la culminación de las mentiras: los guardias de Asalto quemados vivos. Vosotros necesitábais que las fuerzas que iban a Asturias a aplastar el movimiento fuesen, no dispuestas a cumplir con su deber, sino impregnadas de un espíritu de venganza, que tuviesen el espolique de saber que sus compañeros habían sido quemados vivos por los revolucionarios. Allí convergían todas vuestras mentiras, como he dicho antes: a hacer odiosa la revolución, a hacer que los trabajadores españoles repudiasen, por todos estos motivos, el movimiento insureccional de Asturias.

Pero todo se acaba, ¡Sr. Gil Robles!, y cuando en España comienza a saberse la verdad, el resultado no se hace esperar, y el día 16 de febrero el pueblo, de manera unánime, demuestra su repulsa a los hombres que creyeron haber ahogado con el terror y con la sangre de la represión los anhelos de justicia que viven latentes en el pueblo. Y los derrotados de febrero, aquellos que se creían los amos de España, no se resignan con su derrota y por todos los medios a su alcance procuran obstaculizar, procuran entorpecer esta derrota, y de ahí su desesperación, porque saben que el Frente Popular no se quebrantará y que llegará a cumplir la finalidad que se ha trazado.

Por eso precisamente es por lo que ellos en todos los momentos se niegan a cumplir los laudos y las disposiciones gubernamentales, se niegan sistemáticamente a dar satisfacción a todas las aspiraciones de los trabajadores, lanzándolos a la perturbación, a la que van, no por capricho ni por deseo de producirla, sino obligados por la necesidad, a pesar de que el Sr. Calvo Sotelo, acostumbrado a recibir las grandes pitanzas de la Dictadura, crea que los trabajadores españoles viven como vivía él en aquella época.

¿Por qué se producen las huelgas? ¿Por el placer de no trabajar? ¿Por el deseo de producir perturbación? No. Las huelgas se producen porque los trabajadores no pueden vivir, porque es lógico y natural que los hombres que sufrieron las torturas y las persecuciones durante la etapa que las derechas detentaron el Poder quieran ahora –esto es lógico y natural– conquistar aquello que vosotros les negábais, aquello para lo cual vosotros les cerrábais el camino en todos los momentos.

No tiene que tener miedo el Gobierno porque los trabajadores se declaren en huelga; no hay ningún propósito sedicioso contra el Gobierno en estas medidas de defensa de los intereses de los trabajadores, porque ellas no representan más que el deseo de mejorar su situación y de salir de la miseria en que viven.

Hablaban algunos señores de la situación en el campo. Yo también quiero hablar de la situación en el campo, porque tiene una ligazón intensa con la situación de los trabajadores de la ciudad, porque pone una vez más al descubierto la ligazón que existe entre los dueños de las grandes propiedades, que en el campo se niegan sistemáticamente a dar trabajo a los campesinos y consienten que las cosechas se pierdan, y estas Empresas, que como la de calefacción y ascensores, como la de la construcción, como todas las que se hallan en conflicto con sus obreros, se niegan a atender las reivindicaciones planteadas por los trabajadores.

Esto se liga a lo que yo decía antes: al doble juego de venir aquí a preguntar lo que ocurre y continuar perturbando la situación en la ciudad y en el campo.

Concretamente, voy a referirme a la provincia de Toledo, y al hablar de la provincia de Toledo reflejo lo que ocurre en todas las provincias agrarias de España. En Quintanar de la Orden hay varios terratenientes (y esto es muy probable que lo ignore el Sr. Madariaga, atento siempre a defender los intereses de los grandes terratenientes) que deben a sus trabajadores los jornales de todas las faenas de trabajo del campo.

¿Qué diría el Sr. Madariaga si en un momento determinado estos trabajadores de Quintanar de la Orden, como los de Almendralejo, como los de tantos otros pueblos de España, se lanzasen a cobrar lo que es suyo en justicia? ¡Ah! Vendría aquí a hablar de perturbaciones, vendría aquí a decir que el Gobierno no tiene autoridad, vendría aquí, como van viniendo ya con excesiva tolerancia de estos hombres, a entorpecer constantemente la labor del Gobierno y la labor del Parlamento.

Y que por parte de los grandes terratenientes, como por parte de las Empresas, hay un propósito determinado de perturbar, lo demuestra este hecho concreto que os voy a exponer.

En Villa de Don Fadrique, un pueblo de la provincia de Toledo, se han puesto en vigor las disposiciones de la reforma agraria, pero uno de los propietarios que se siente lastimado por lo que significa de justicia para el campesinado, que no ha conocido de la justicia más que el poder de los amos, de acuerdo con los otros terratenientes, había preparado una provocación en toda regla, una provocación habilísima, ¡señores de las derechas!, que vais a ver en lo que consistía y que demuestra la falsedad del argumento del Sr. Calvo Sotelo, cuando afirma que los terratenientes no pueden conceder a los trabajadores jornales superiores a 1,50.

Estos señores terratenientes con fincas radicantes en Villa de Don Fadrique, cuya cosecha está valuada en 10.000 duros, tenían el propósito de repartirla entre los campesinos de los pueblos colindantes, como Lillo, Corral de Almaguer y Villacañas. Esto, que en principio podrá parecer un rasgo de altruismo, en el fondo era una infame provocación; era el deseo de lanzar, azuzados por el hambre, a los trabajadores de un pueblo contra los de otros pueblos. Y que esto no es un argumento sofístico esgrimido por mi lo demuestra la declaración terminante del hermano de uno de las terratenientes delante de D. Mariano Gimeno, del alcalde y de la Comisión del Sindicato de Agricultores, que dijo textualmente: «Si mi hermano hubiera hecho lo que se había acordado, es decir, el reparto de la cosecha, a estas horas se habría producido el choque y esto había terminado».

Y es ahí, ¡Sr. Gil Robles!, y no en los obreros y en los campesinos, donde está la causa de la perturbación, y es contra los causantes de la perturbación de la economía española, que apelan a maniobras «non sanctas» para sacar los capitales de España y llevárselos al extranjero; es contra los que propalan infames mentiras sobre la situación de España, con menoscabo de su crédito; es contra los patronos que se niegan a aceptar laudos y disposiciones; es contra los que constante y sistemáticamente se niegan a conceder a los trabajadores lo que les corresponde en justicia; es contra los que dejan perder las cosechas antes de pagar salarios a los campesinos contra los que hay que tomar medidas. Es a los que hacen posible que se produzcan hechos como los de Yeste y tantos pueblos de España a los que hay que hacerles sentir el peso del Poder, y no a los trabajadores hambrientos ni a los campesinos que tienen hambre y sed de pan y de justicia.

¡Señor Casares Quiroga, Sres. Ministros!: ni los ataques de la reacción, ni las maniobras, más o menos encubiertas, de los enemigos de la democracia, bastarán a quebrantar ni a debilitar la fe que los trabajadores tienen en el Frente Popular y en el Gobierno que lo representa.

Pero, como decía el señor De Francisco, es necesario que el Gobierno no olvide la necesidad de hacer sentir la ley a aquellos que se niegan a vivir dentro de la ley, y que en este caso concreto no son los obreros ni los campesinos. Y si hay generalitos reaccionarios que, en un momento determinado, azuzados por elementos como el señor Calvo Sotelo, pueden levantarse contra el Poder del Estado, hay también soldados del pueblo, cabos heroicos, como el de Alcalá, que saben meterlos en cintura.

Y cuando el Gobierno se decida a cumplir con ritmo acelerado el pacto del Frente Popular y, como decía no hace muchos días el Sr. Albornoz, inicie la ofensiva republicana, tendrá a su lado a todos los trabajadores, dispuestos, como el 16 de febrero, a aplastar a esas fuerzas y a hacer triunfar una vez más al Bloque Popular.

Conclusiones a que yo llego: Para evitar las perturbaciones, para evitar el estado de desasosiego que existe en España, no solamente hay que hacer responsable de lo que pueda ocurrir a un Sr. Calvo Sotelo cualquiera, sino que hay que comenzar por encarcelar a los patronos que se niegan a aceptar los laudos del Gobierno.

Hay que comenzar por encarcelar a los terratenientes que hambrean a los campesinos; hay que encarcelar a los que con cinismo sin igual, llenos de sangre de la represión de octubre, vienen aquí a exigir responsabilidades por lo que no se ha hecho.

Y cuando se comience por hacer esta obra de justicia, ¡Sr. Casares Quiroga, Sres. Ministros!, no habrá Gobierno que cuente con un apoyo más firme, más fuerte que el vuestro, porque las masas populares de España se levantarán, repito, como en el 16 de febrero, y aun, quizá, para ir más allá, contra todas esas fuerzas que, por decoro, nosotros no debiéramos tolerar que se sentasen ahí.

LAS CORTES 16-JULIO-1936

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DOLORES IBÁRRURI

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Dom 6 Jul 2008
JOSÉ MARTÍ
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José Julián Martí y Pérez , La Habana (Cuba); 28 de enero de 1853 – † Dos Ríos ; 19 de mayo de 1895, también conocido por los cubanos como «El apóstol», fue un político, pensador, periodista, filósofo, poeta y masón cubano, creador del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y organizador de la Guerra del 95 o Guerra necesaria. Su pensamiento trascendió las fronteras de su Cuba natal para adquirir un carácter universal.

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Nació en el seno de una modesta familia española en la Habana, el 28 de enero de 1853,
donde recibió su educación primaria. Fue discípulo de Mendive y de Luz y Caballero. A
los 16 años por sus ideas revolucionarias fue condenado a seis años de prisión. Con la
salud quebrantada, fue indultado y confinado en la isla de Pinos. Deportado a España en
1871, publicó El presidio político en Cuba, el primero de muchos folletos que abogaban
por la independencia cubana de España y La República Española ante la Revolución
Cubana. Terminó su educación en la Universidad de Zaragoza; donde en 1874 se licenció
en Derecho y Filosofía y Letras. Años más tarde, vivió su destierro en Francia, en 1875
se trasladó a México donde se casó con Carmen Zayas Bazán, y en 1877 fue a
Guatemala, donde enseñó por un tiempo en la Universidad Nacional.

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Pensador de talla universal, contribuyó con sus textos al surgimiento de un nuevo lenguaje en la literatura, y con su genio y acción política, divino continuador del pensamiento de Bolívar, Juárez y otros próceres latinoamericanos.

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Su oratoria y espíritu incansable fue capaz de unir a los cubanos tanto de adentro como de afuera de la Isla en la gesta libertadora que culminó con la Guerra de Independencia comenzada con el grito de Baire dado por Antonio Maceo el 24 de febrero de 1895. Presionado por intrigas y comentarios de almas bajas, en los primeros meses de la guerra, se embarcó rumbo a Cuba. En la primera batalla en que participó, montado en un brioso caballo blanco, fue herido mortalmente. Su obra poética ha sido considerada como precursora del Modernismo. El espíritu y pensamiento martiano más puro lo encontramos en la colección de los Versos sencillos. Para descubrir al Martí político tenemos que acudir a sus discursos dados a las comunidades cubanas radicadas en distintas ciudades de los Estados Unidos, México, las Antillas y América Central. Obras tales como La Edad de Oro, dedicada a los niños de América nos muestran al maestro de una nueva generación, esa generación que en uno de sus más destacados discursos, llamó, los pinos nuevos.

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En 1866 matricula en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Ingresa también en la clase de Dibujo Elemental en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana, más conocida como San Alejandro.

El 4 de octubre de 1869, al pasar una escuadra del Primer Batallón de Voluntarios por la calle Industrias No. 122, donde residían los Valdés Domínguez, de la vivienda se oyen risas y los voluntarios toman esto como una provocación. Regresan en la noche y someten la casa a un minucioso registro. Entre la correspondencia encuentran una carta dirigida a Carlos de Castro y Castro, compañero del colegio que, por haberse alistado como voluntario en el ejército español para combatir a los independentistas, calificaban de apóstata.

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A raíz del encarcelamiento de su maestro y guía Mendive, a causa de los sucesos del teatro Villanueva entre un grupo de partidarios de la independencia y los más recalcitrantes elementos de un cuerpo paramilitar llamados «Los Voluntarios», se producen varios registros en las viviendas de muchos criollos intelectuales, entre ellos la casa de Fermín Valdéz Domínguez, su amigo, lugar donde se encuentra una carta firmada por Martí y dirigida al condiscípulo Carlos de Castro y de Castro, en la cual lo trata de traidor por no apoyar la causa criolla y haberse alistado en el ejército español. Juzgado en consejo de guerra, Martí, quien además en dicho juicio asume toda la responsabilidad, fue condenado a 6 años de cárcel y Fermín Valdéz a seis meses.

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El 21 de octubre de 1869, a la edad de 16 años, Martí ingresa en prisión y desde la cárcel le envió una foto a su madre con los siguientes versos escritos por él :

Mírame, madre,
y por tu amor, no llores:
Si esclavo de mi edad y mis doctrinas
tu mártir corazón llené de espinas,
piensa que nacen entre espinas flores”.

Del 2 de enero al 24 de febrero de 1877 estuvo de incógnito en La Habana como Julián Pérez. Al llegar a Guatemala trabaja en la Escuela Normal Central como catedrático de Literatura y de Historia de la Filosofía. Retorna a México, para contraer matrimonio con Carmen el 20 de diciembre de 1877, regresando a inicios de 1878 a Guatemala.

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Volvió a Cuba en 1878 pero fue desterrado nuevamente en 1879 por sus continuas
actividades revolucionarias.
Se trasladó a EE.UU. donde vivió entre 1881 y 1895 en Nueva York, ejerció el
periodismo y fundó en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, del que fue elegido
delegado para la organización de la lucha independentista. Fue ese año cuando fundó su
diario, “Patria”.
En 1895 en la isla de Santo Domingo redactó el Manifiesto de Montecristi, en el que
predicó la guerra sin odio, y que firmó con Máximo General Gómez y Baez, el héroe de la
independencia cubana. Desembarcó con éste en Playitas, en el este de Cuba, donde
murió un mes más tarde, el 19 de mayo de 1895, durante una escaramuza con tropas
españoles en Dos Ríos.

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El 19 de mayo de 1895 cae en combate cerca un lugar conocido como Dos Ríos, donde se cruzan los ríos Cauto y Contramaestre, en una escaramuza contra una tropa al mando del coronel español Ximénez de Sandoval. Una bala segó la vida del héroe cubano en plena madurez; los españoles se apoderaron del cadáver del apóstol y luego de comprobar que se trataba del jefe cubano lo enterraron en el cementerio de Santa Ifigenia en la ciudad de Santiago de Cuba. Algunas versiones sugieren que bien se trató de un suicidio político para un héroe ideológico sin experiencia en el combate, otras han sugerido que pudo haber caído víctima de un cruce de disparos, quizá por la mano de uno de sus propios hombres de combate.

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Cuando se conoció lo sucedido, resultó imposible rescatar su cadáver, el cual fue conducido por los españoles y, tras varios enterramientos, fue finalmente sepultado el día 27, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.

La influencia del pensamiento martiano en los cubanos es tal que aún hoy día, a más de un siglo de su muerte, parece ser Martí una vez más quien se eleva en figura protectora y reunificadora de los cubanos. Su figura es tan respetada e idolatrada tantos por los cubanos que se encuentran en el exilio como por el Gobierno cubano. No hay proyecto de nación en Cuba sin el ideario martiano pues su pensamiento es la base de todo sentido de identidad y nacionalidad del pueblo cubano. Es por ello que José Martí es para cada cubano, y bien ganado el título, “El Apóstol”.

 

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JOSÉ MARTÍ

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Vie 16 Nov 2007
“CHÉ GUEVARA” - ERNESTO GUEVARA DE LA SERNA
Archivado en: Políticos, General — admin @ 2:41

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Mito e ídolo para los jóvenes de todo el mundo por su ejemplo de lucha y revolución, por su deseo de conseguir una sociedad justa e igualitaria. Por todo ello peleó hasta la muerte. Su ejemplo sigue vivo.

Ernesto Guevara nació el 14 de Junio de 1928 en Rosario, Argentina en el seno de una familia acomodada. Cursó estudios de  medicina en 1947, primero con la intención de entender su propia enfermedad, asma y luego interesado en la lepra. Pero sus estudios fueron interrumpidos momentáneamente por su incursión en la política en contra del régimen de Perón y por su deseo de conocer América Latina. En 1949 realizó su primer viaje, en el cual conoció el norte de Argentina, viajando en  bicicleta y en él  estuvo por primera vez en contacto con los pobres y los pocos sobrevivientes de las tribus Indias. Luego, en 1952, realizó un viaje mucho más largo, acompañado por un amigo. Visitó el sur de Argentina, Chile -donde conoció a Salvador Allende-, Perú -donde trabajó en el hospital de lepra de San Pablo-, Colombia -en la época de La Violencia, y donde fue arrestado pero pronto liberado-, Venezuela y Miami.

Estos viajes le sirvieron para conocer bien de cerca las necesidades de los pueblos abandonados. Y fue ahí que decidió que la revolución era el único medio para acabar con estos problemas. Poco después regresó a su país y terminó la carrera de medicina (1953), especializándose en dermatología.

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Tras licenciarse, emprendió un nuevo viaje a Guatemala. Allí apoyó al régimen reformista  del presidente Arbenz, y conoció a la peruana Hilda Gadea, su primera esposa, que lo contactó con algunos revolucionarios cubanos que luchaban contra el régimen del dictador Batista. Por esa época su ideología respondía al marxismo-leninismo. Al ser derrocado Arbenz (1954) Ernesto e Hilda se fueron a México, país donde se refugiaban revolucionarios izquierdistas de todo el mundo. Una vez aquí, nació su primera hija, Hilda, y él tuvo que trabajar de alergólogo para mantener a su familia.

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 El Ché Guevara padeció desde los dos años de asma, lo cual lo limitaría seriamente en el ámbito deportivo, al cual era muy aficionado no obstante, llegando en ocasiones a su casa cargado por sus compañeros. Dentro de las aficiones del Ché Guevara durante su juventud, se encuentran la lectura de textos filosóficos y políticos, la escritura, el ajedrez y el rugby. Desde muy joven el Ché Guevara dio muestras de su caracter revolucionario.

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En 1955 Ernesto Ché Guevara conoció en México a Fidel Castro y a su hermano Raúl, que preparaban una expedición revolucionaria a Cuba. Guevara trabó amistad con los Castro, se unió al grupo como médico y desembarcó con ellos en Cuba en 1956. Instalada la guerrilla en Sierra Maestra, Guevara se convirtió en lugarteniente de Castro y mandó una de las dos columnas que salieron de las montañas orientales hacia el Oeste para conquistar la isla. Participó en la decisiva batalla por la toma de Santa Clara (1958) y finalmente entró en La Habana en 1959, poniendo fin a la dictadura de Batista.

El nuevo régimen revolucionario concedió a Guevara la nacionalidad cubana nombrandole Jefe de la Milicia y Director del Instituto de Reforma Agraria (1959), luego presidente del Banco Nacional y ministro de Economía (1960) y finalmente, Ministro de Industria (1961).

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¡Hasta la victoria!

 

 

La Revolución ha triunfado. El primero en arribar a La Habana es Camilo Cienfuegos, el 3 de enero de 1959. A las cinco y cuarto de la tarde Guevara, casi desapercibido por la población, ingresa a la ciudad sin necesidad de combatir el día 4 de madrugada, acompañado por su fiel asistente y futura esposa Aleida March Torres y por encontes concubina, con quien se mudará a una casa ubicada en el complejo militar de La Cabaña. Atacado por una enfermedad pulmonar el Che descansará en la ciudad costera de Tarará, ubicada a unos kilómetros de La Habana, en compañía de Aleida, hasta su recuperación. La pareja abandonará el lugar en los primeros días de abril y se mudan al barrio de Los Cocos, en la capital cubana, sobre la calle Rafael Cortés 45.119 donde también pernoctarán los integrantes de su escolta personal, entre ellos el inseparable Alberto Castellanos. El 22 de mayo, el Ché Guevara toma conocimiento de la sentencia favorable de divorcio que lo separa definitivamente de Hilda Gadea y el 2 de junio contrae matrimonio con su concubina Aleida March Torres, quien con el tiempo le brindará cuatro hijos.

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En 1959 se casó con Aledia March y juntos tuvieron cuatro hijos:

  • Aleida Guevara March, nacida el 17 de noviembre de 1960
  • Camilo Guevara March, nacido el 20 de mayo de 1962
  • Celia Guevara March, nacida el 14 de junio de 1963
  • Ernesto Guevara March, nacido el 24 de febrero de 1965

El 19 de marzo de 1964, de su relación con Lidia Rosa López, nace el único hijo extramatrimonial que se conoce del Che, Omar Pérez, lo que pone al descubierto la existencia de una pareja clandestina, paralela a su matrimonio con Aleida March.

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Visitaron Egipto, India, Japón, Indonesia, Paquistan y Yugoslavia. De regreso en Cuba, como Ministro de Industrias (Febrero de 1960) firmó un pacto de negocios con la URSS que liberó a la industria azucarera Cubana de la dependencia del mercado de EE.UU.

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Después de prestar su servicio en Cuba, el Ché Guevara radicalizó aún más su comportamiento al emprender un viaje con 120 cubanos a la República Democrática del Congo en 1966, donde apoyó el Movimiento Revolucionario. El Ché Guevara se enroló en la guerrilla teniendo que afrontar muchísimos problemas, por lo que el intento de expansión de la revolución en Africa había fracasado. Hubo que plantearse la vuelta a Latinoamérica.

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Del 17 al 20 de abril de 1961, Ernesto Ché Guevara ocupa el Comando Militar de Pinar del Río durante el ataque de mercenarios sobre la Playa Girón, en la Bahía de los Cochinos, en el curso de la cual 1500 contra-revolucionarios cubanos intentan invadir la isla en una operación organizada y financiada por la CIA. Los revolucionarios derrotaron a los mercenarios en menos de 72 horas.

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Luego de muchas batallas, su última acción revolucionaria fué en Bolivia. El Ché renunció a toda relación con Cuba y luego de entrenar en las sierras cubanas partió hacia Bolivia, con su ejercito internacionalista.

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Pero 11 meses más tarde, después de haber sido tomado prisionero y seriamente herido, Ernesto Ché Guevara es ejecutado, el domingo 8 de octubre de 1967 a las 13,10 horas, por soldados bolivianos dirigidos por agentes de la CIA, en la pequeña escuela del pueblo de La Higuera, provincia de Chuquisaca.

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Carta de despedida del Ché a sus padres.

Queridos viejos:

Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo.

Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo.

Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consiente, mi marxismo está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.

Puede ser que ésta sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo.

Los he querido mucho, sólo que no he sabido expresar mi cariño, soy extremadamente rígido en mis acciones y creo que a veces no me entendieron. No era fácil entenderme, por otra parte, créanme, solamente, hoy. Ahora, una voluntad que he pulido con delectación de artista, sostendrá una piernas fláccidas y unos pulmones cansados. Lo haré.

Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condotieri del siglo XX. Un beso a Celia, a Roberto, Juan Martín y Patotín, a Beatriz, a todos. Un gran abrazo de hijo pródigo y recalcitrante para ustedes.

Ernesto

 

Carta de despedida del Che a sus hijos

A mis hijos

Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:

Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.

Casi no se acordarán de mi y los más chiquitos no recordarán nada.

Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.

Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.

Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de

Papá

 

Carta de despedida para Fidel Castro

Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo, que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del partido, de mi puesto de ministro, de mi grado de comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario.Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios. Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor; aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como su hijo: eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento, será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo y que trataré de ser fiel hasta la últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas. Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!

Te abraza con todo fervor revolucionario

Che

El 18 de octubre de 1967, en la Plaza de la Revolución, Fidel Castro informa al medio millón de cubanos presentes de la muerte del Comandante Ernesto Ché Guevara:

« Has desaparecido físicamente, pero tu figura y tus ideales siguen y seguirán siendo vigentes en nosotros, porque a esos no te los pueden matar con balas ».

FOTOS DE LA EJECUCION DEL CHÉ

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El Ché es transportado en helicóptero (por la parte exterior)

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“HASTA LA VICTORIA SIEMPRE”

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